Michiel Das, así se llama el belga afincado en Barcelona especializado en marketing online, product manager y community manager que ha sido noticia recientemente. Y lo ha sido por algo tan heroico en estos tiempos como haber encontrado un trabajo.
Algo que antaño no era nada meritorio, ahora puede considerarse una hazaña, pero lo realmente noticiable en su caso es que para encontrarlo puso en marcha una teoría sociológica, la de los “seis grados de separación” que nos unen a todos y cada uno de nosotros con otro ser de este planeta azul.
Según el artículo recogido en el portal marketing directo, nuestro protagonista decidió entregar tres tarjetas suyas a tres contactos, que a su vez debían ir entregándola a otros contactos, hasta que alguien interesado en contratar sus servicios pudiera hacerlo.
Las tarjetas pasaron por las manos de 16 contactos, y recibió un total de 11 ofertas de trabajo, participando en cuatro procesos de selección. ¡No está nada mal! Y además Michiel aprovechó el experimento para ir dando cuenta de sus avances a través de un blog y diferentes redes sociales.
Michiel puso en práctica una excelente campaña de marketing online para demostrar que era bueno en eso en lo que deseaba y quería trabajar. Fue original y creativo, luego las redes sociales ya hicieron el resto.
Actualmente estamos a seis grados de separación de cualquier cosa, mucho más cerca que cuando Duncan Watts formuló su teoría Six degrees: the science of a connected age. Según muchos portales de empleo, la gran mayoría de trabajos en la actualidad se consiguen por contactos o recomendaciones de nuestra red de contactos, muchas ofertas laborales no llegan a los portales online o a las agencias de colocación, se quedan en el ámbito de la proximidad y las relaciones humanas.
Por mucho que Facebook, Twitter o Linkedin pretendan llegar a sustituir ese tipo de relación, nunca llegarán a tener el mismo tipo de consistencia, ya que las relaciones en este tipo de medios son “simuladas”, son una imitación de la relación personal.
Seguro que cuando un chavalín y desaliñado Marc Zuckerberg fundó The Facebook nunca pensó o imaginó que llegaría a obtener la fortuna que le ha aportado, y seguro que tampoco lo hizo pensando en la teoría de Watts o cualquier otro estudio metodológico existente sobre redes sociales y estructura social. Zuckerberg se forró por un claro ejemplo de serendipia, sin quitarle el más mínimo de los méritos, descubrió algo cuando buscaba otra cosa, y eso que encontró se ha transformado en oro. Fue cuestión de inteligencia, pero también de suerte.
En estos tiempos confiamos demasiado en el poder de las nuevas tecnologías y de las redes sociales para todo, especialmente para encontrar trabajo, no dejándonos ver en ocasiones el verdadero potencial de las mismas. Pongamos el ejemplo de la red profesional por excelencia: Linkedin. Más allá de la posibilidad de encontrar trabajo como si se tratara de una agencia de colocación, tenemos el enorme potencial de la información. Podemos conocer mucho más de cerca la visión, los valores de las empresas en las que desearíamos trabajar. Podemos conocer qué tipo de marcas están contratando y necesitando nuevos empleados. Podemos observar qué perfil buscan determinadas empresas atendiendo la procedencia de trabajadores en activo en la actualidad. Podemos aprovechar toda esa información para fortalecer nuestras debilidades y buscar oportunidades allá dónde seguramente, sin todo ese caudal informativo, sería casi imposible acceder.
Tarde o temprano llegarán las entrevistas, las oportunidades de mejora, el acceso a un trabajo apasionante en el que continuar aprendiendo y explotando tus aptitudes. Porque en esto de la búsqueda de empleo es importantísimo estar preparado para cuando llegue el golpe de suerte, como le pasó a Marc o también a Michiel.
